Es bien conocido que los partidos estadounidenses trabajan en clave de minorías, en lo relacionado con la estadística nacional. Forma parte de la cultura política del país clasificar a sus ciudadanos por religiones y minorías y es evidente que los comicios no son una excepción. Puerta a puerta, focus group, entrevistas, encuestas… Todo vale para que tu candidato se acerque discursivamente a la realidad del ciudadano medio. Sobre todo si se trata de uno de los Estados Clave.

¿Y cuál es la minoría más grande y plural de los Estados Unidos de América? Efectivamente, como reza en el título de este artículo, se trata de la comunidad latina. El mal llamado voto latino no existe como unidad y, al mismo tiempo, ha sido clave para decantar la elección hacia Joe Biden.

Miami, para algunos capital de toda América Latina, no ha llevado en volandas al candidato demócrata a la Casa Blanca. De hecho, Florida fue una de las claves de la elección, al ser ganada por el candidato republicano, Donald Trump. A la postre, una victoria de Biden en ese Estado hubiera simplificado el recuento y rebajado la tensión de las últimas semanas.

La pregunta es clara y diáfana. ¿Ha tenido Biden un buen resultado con la comunidad latina? Si bien en Texas obtiene los mejores resultados demócratas desde 1976 y en Arizona desde 1946, muchos medios han denunciado que el Partido Demócrata ha obtenido un resultado por debajo de las expectativas. Esto se debe a la estrategia que ha seguido su partido.

Para tener un mejor conocimiento de la cuestión, debemos fijarnos en los datos. Es por ello que recurrimos a Latinodecisions, una organización de investigación sobre opinión política fundada por los profesores de ciencia política Gary Segura y Matt Barreto. Sus encuestas, predicciones y análisis se centran en el electorado latino y regularmente son citados por medios como el Washington Post, Univision, el New York Times o NBC News entre muchos otros. Según una encuesta de Latinodecisions, un 70% de los latinos habría votado por Biden, mientras que tan solo un 27% lo habría hecho por Donald Trump. Si nos fijamos Estado a Estado, en Nevada (70 a 25%), Arizona (71 a 26%), Texas (67 a 29%), Wisconsin (77 a 22%), Michigan (76 a 26%), Pennsylvania (69 a 26%), Carolina del Norte (72 a 24%), Georgia (69 a 28%) e incluso en Florida (59 a 38%) el voto latino ha sido fundamentalmente demócrata. Al menos, a grandes rasgos. ¿Pero entonces, qué pasó en Florida?

En un acto en Florida, acompañado del famoso cantante puertorriqueño Luis Fonsi, autor del megahit Despacito, Joe Biden tuvo la ocurrencia de reproducir su famoso éxito. Sin duda, una campaña electoral no se gana despacito, pero la confección de organizaciones de apoyo y de movimientos de base sí debe promoverse despacito. Y con buena letra. No parece que el Partido Demócrata haya construido ese tipo de organización en Florida. En el condado Miami-Dade, donde se encuentra la ciudad de Miami, ganó Biden por un margen suficiente (53,31% a 45,98%) pero ajustado. Eso sí, los demócratas se dejaron por el camino dos congresistas solo en ese condado.

En el distrito 26 se impuso Carlos Giménez, el actual alcalde del condado de Miami-Dade -republicano- ganó a la congresista Debbie Mucarsel-Powell. En el distrito 27, el centro de la ciudad donde se encuentra la pequeña Habana, se repitió la historia: la presentadora cubanoamericana María Elvira Salazar ganó a la congresista Donna Shalala. 

En ambos condados los candidatos demócratas no tenían ascendencia latina, mientras que los republicanos sí.

En otros distritos de Florida los demócratas han tenido un resultado negativo en las elecciones al Senado del Estado de Florida. Es el caso del distrito 39, el candidato demócrata Javier Fernández, representante en el Congreso de Florida, perdió por una abultada diferencia contra la republicana Ana María Rodríguez. Las palabras de Fernández una vez certificada la derrota han sido claras: el problema no es el electorado, el problema somos nosotros; el partido. La periodista Lizette Álvarez, columnista del Washington Post, lo expresaba de manera clara: “los republicanos lo hicieron muy bien, estaban en todas partes. Trump estaba en Florida, Mike Pence estaba en Florida… Y los demócratas no hicieron nada!”. Más claro, el agua.

Primera parte del especial La Segunda Vuelta sobre el voto latino

Es por eso que cabe aproximarse a las diferentes estrategias de los partidos y a las diferentes realidades en estos Estados. ¿Qué diferencia el éxito de Arizona y el resultado histórico de Texas de la decepción de Florida?

Más allá de los mitos del voto latino, cabe destacar que no se trata tanto de partidos o de candidatos, sino de estrategias -o ausencia de ellas- que incluyen y movilizan a las diferentes comunidades latinas. El ejemplo de Florida es clarificador. El buen rendimiento de la candidatura de Trump se explica porque entendió precisamente un elemento que los movilizaba: el rechazo al signo político de los gobiernos de sus países de origen. Nos contaba la periodista Lizette Álvarez en La Segunda Vuelta que los votantes de Florida apoyaron mayoritariamente (61% a favor) una enmienda para subir el salario mínimo a 15 dólares la hora. Es curioso que eso pase en un Estado ganado por Trump y donde existe una clara hegemonía republicana. Todo apunta a que hay espacio para propuestas progresistas por parte de los demócratas, al menos sobre el papel.

Arizona como ejemplo?

Arizona para Biden. Desde la noche electoral, tanto Associated Press como Fox News adjudicaron al candidato demócrata el Estado de Arizona. Otros, como el New York Times, fueron más precavidos. En cualquier caso, el resultado de los demócratas en ese Estado es el mejor desde el cosechado por Harry Truman en 1946; el Estado no se pintaba de color azul en el mapa desde la victoria de Bill Clinton en 1996. Los únicos demócratas en ganar en Arizona en los siglos XX y XXI han sido Woodrow Wilson, Franklin Roosevelt, Harry Truman, Bill Clinton y, ahora, Joe Biden. Casi nada.

Fernanda Santos, profesora de periodismo de la Arizona State University y experiodista del New York Times, dejaba claro en La Segunda Vuelta que la victoria de Biden solo se explicaba por el trabajo de organizaciones de base. Este modelo, según Santos, es totalmente exportable a otros Estados y realidades comunitarias; en caso contrario, los demócratas se expondrán a perder peso político en un futuro inmediato.

Segunda parte del especial La Segunda Vuelta sobre el voto latino

Recientemente, se ha hecho pública una entrevista con Alexandria Ocasio-Cortez donde, una vez escogido Joe Biden como Presidente electo, marcaba las prioridades de los progresistas del Partido Demócrata. En esa entrevista reclamaba una presencia más importante y más real en las redes, pero también haciendo puerta a puerta y teniendo un pie en las comunidades. Decía AOC “si tus principales instrumentos de campaña son la televisión y el correo, es evidente que no estás haciendo una campaña a toda máquina”. La congresista cuestiona que Biden sea capaz de recoger en su seno, en su administración, el tipo de demandas que lo han llevado a ganar en Arizona o Georgia. De hecho, Ocasio-Cortez atribuye esta victoria a “los jóvenes activistas inmigrantes” organizados en plataformas de base no ligadas orgánicamente al Partido Demócrata.

Esta ola de nuevo voto demócrata, como vemos, no responde a una estrategia partidaria sino a la imposición de un escenario donde son “la segunda mejor opción”. Cabe destacar dos ejemplos más de esta realidad: Georgia y Texas.

En Georgia no ganaba un candidato demócrata desde 1992, cuando Bill Clinton se impuso a Bush padre gracias al 13% que obtuvo en ese estado el independiente Ross Perot. Si obviamos esa elección, tendríamos que remontarnos a los años de Jimmy Carter para marcar Georgia en azul. La tradición republicana georgiana -aunque hasta los años 60 había sido claramente demócrata- se ha visto frenada por movimientos de base y un gran activismo de la comunidad negra, antes menos proclive a participar. Un 90% de los negros y un 69% de los latinos optaron por Joe Biden ante Donald Trump. El poder de las mal llamadas minorías.

Georgia celebrará una segunda vuelta para nombrar a sus senadores. No deja de ser curioso que la Senadora Kelly Loeffler, dueña de las Atlanta Storm de la WNBA, tenga que concurrir al ballotage y pueda perder su cargo. Las jugadoras de la liga americana de baloncesto han hecho campaña activa por su rival el reverendo negro Raphael Warnock, candidato demócrata. Y es que la republicana había criticado el movimiento Black Lives Matter.

En Texas, el 69% de los latinos optó por Joe Biden; en la media del país. La novedad, en este caso, se trata de que plataformas como Jolt Action Texas han asumido un protagonismo muy relevante en la campaña. La fórmula es la que ya conocemos: organizaciones muy ligadas a su comunidad que se construyen para responder a las necesidades de estas. En una reciente entrevista en el medio Texas Standard, el director ejecutivo de Jolt Action Texas, Antonio Arellano, afirmaba que los votantes latinos en Texas son cultural, ideológica y lingüísticamente diversos. Se necesitan diferentes campañas, según Arellano, para llegar con mensajes a estas comunidades y movilizarlas. Ahora bien, aquel que gane el voto latino está ganando un voto joven; si lo trabaja correctamente estará ganándoles para generaciones. Arellano habla incluso del voto latino como una “mina de oro” de votantes.

Lo cierto es que la política federal americana debe cambiar la estrategia en relación a las minorías. Ya no son grupos cerrados, marginales e inmigrantes; son ciudadanos con plenos derechos que demandan atención, inversión y políticas dedicadas a sus comunidades. He aquí la gran oportunidad para el Partido Demócrata post-Biden; deberá decidir entre una agenda progresista que recoja las diferentes iniciativas de base o seguir por el camino del establishment del partido.

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